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BRECHA Ética, ciencia y religión – En Italia votar es pecado

Apenas el 25,9 por ciento de los italianos votó en el referéndum sobre la ley de reproducción asistida el domingo 12 y el lunes 13. Ésta obtuvo así la legitimidad de las urnas, ya que se necesitaba la mitad más uno de los votos para derogarla. Gennaro Carotenuto


La adhesión al boicot contra la consulta impulsado por la Iglesia Católica (que defendía la ley) sobrepasó cualquier previsión, pero de todas formas no se abrió en Italia un debate necesario sobre la laicidad del Estado.
Casi 50 millones de italianos debían decidir sobre la derogación de cuatro artículos de la ley sobre reproducción asistida aprobada por la mayoría parlamentaria de centroderecha: se resolvía si se iba a permitir estudiar las células madres, dar los mismos derechos al embrión que a un recién nacido, y si se iba a habilitar la fecundación heteróloga y otras normas que facilitan las prácticas reproductivas artificiales.
Pese a las críticas de la comunidad científica (ya que se limitan las posibilidades de estudiar enfermedades genéticas), de la sociedad civil y el éxodo de miles de parejas con problemas de fertilidad a Barcelona y Lubiana (donde sí son posibles estas prácticas) la prohibición se mantuvo. La oposición de centroizquierda y fragmentos del mundo liberal de centroderecha (que convocaron al referéndum popular) no fueron tan convincentes como las jerarquías eclesiásticas (defensoras de los derechos del embrión). Ha sido el tercer intento de imponer la visión católica del mundo en un referéndum sobre temas éticos después de dos fracasos históricos sobre divorcio y aborto en los años setenta.
ABSTENCIÓN ACTIVA. Antes de que empezara oficialmente la campaña, Camillo Ruini, presidente de la Conferencia Episcopal italiana, en lugar de llamar a los católicos a votar en defensa de la ley, los convocó a la ?abstención activa?. El objetivo (que contó con el apoyo de Joseph Ratzinger) era provocar la nulidad del referéndum apropiándose del 30 por ciento del electorado que estructuralmente se abstiene de votar en Italia.
La clase política (incluida la de centroizquierda) retrocedió ante el embate eclesiástico: casi no hicieron campaña. Y el pronunciamiento de decenas de premios Nobel y los grandes diarios a favor del referéndum no vencieron el aislamiento y la discreción reinante. Francesco Rutelli (centroizquierda) proclamó su abstención mientras Romano Prodi y los otros líderes votaron sin hacer casi campaña. Silvio Berlusconi (centroderecha) no votó pero no se pronunció nunca públicamente sobre el asunto, al igual que los presidentes de ambas cámaras. Mientras que Gianfranco Fini, ex fascista y hoy ministro de Exteriores declaró: ?Para mí llamar a no votar nunca es educativo?.
La votación paupérrima puede llevar a múltiples interpretaciones. La más clara es la crisis del referéndum como instrumento, luego de que el minúsculo y ultraliberal Partido Radical ?en pos de imponer reformas neoliberales sin tener la fuerza parlamentaria necesaria? los impulsara en forma abusiva en temas muy técnicos o marginales. Semejante exceso explica por qué en la última década ningún referéndum logró el ?quórum? del 50 por ciento. Pero también incidió un empobrecimiento cultural de Italia, en donde la línea católica de ?defensa de la vida desde la concepción? ofreció una interpretación de la vida simple y comprensible. El Siglo de las Luces ?también Estados Unidos y otros países occidentales lo atestiguan? ya es prehistoria, y conceptos como positivismo, materialismo, laicidad son nociones abstractas para la mayoría. El camino del progreso, que jamás fue rectilíneo, ahora se hace especialmente tortuoso.

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