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Brecha – Contratapa – Un tsunami de ayudas (virtuales)

Los grandes países prometieron mucho y darán poco a los damnificados por el maremoto del 26 de diciembre. La mayor parte de las ayudas serán sustraídas a otras emergencias y ni hablar de cancelación de la deuda. La moratoria que las mismas víctimas rechazan sólo servirá para cobrar más intereses.


Gennaro Carotenuto, desde Roma


Por el huracán Mitch, que en 1998 mató a más de 9 mil personas en América Central, fueron prometidos 8 mil millones de dólares. Llegaron menos de la tercera parte. Para el terremoto de Bar en Irán, en 2003, donde murieron más de 35 mil personas, se dijo que la ayuda alcanzaría los 1.100 millones; sólo llegaron 17 millones. Son dos ejemplos del riesgo que corren los 4 mil millones de dólares prometidos a los damnificados por el maremoto en Asia.


En esto la corrupción tiene poco que ver. Más intervienen los espejismos, que hacen parecer como enormes ayudas las que no son tales, o no son reales, o que simplemente cambian de rubro. La emergencia misma, la conmoción y la presencia de cámaras de televisión obligan a los políticos a actuar. Así se explica por ejemplo el cambio -mediático- de la administración estadounidense, que ha pasado de ofrecer ayudas insignificantes (35 millones de dólares) a ponerse a la cabeza del mundo en la lucha contra la catástrofe.


En un mundo donde ninguno de los países ricos -con excepción de los escandinavos- cumple con el solemne compromiso de destinar el 0,7 por ciento del pbi a los países subdesarrollados (Estados Unidos, con 0,14, es el peor, y le sigue Italia), ofrecer ayudas a Tailandia no significa destinar a ese fin dinero fresco. Se trata por lo general de sumas que en principio iban a ir hacia otros países afectados por catástrofes que ahora han dejado de ser mediáticas. Por otra parte, en el monto ofrecido se incluye también, por ejemplo, la reconversión de la deuda, y hay que considerar que la gestión de las ayudas ofrece la posibilidad de comprar productos o servicios producidos por el país donante y contabilizarlos como ayuda. Así, de los 1.500 millones de dólares que ofreció la Unión Europea (un tercio del total de la asistencia mundial), parte importante está constituida por facilidades para el pago de los próximos siete años de cuotas de la deuda. Este dinero volverá a ser descontado en el futuro, aumentando, y no desminuyendo a largo plazo la propia deuda. Así funciona la ?cooperación? internacional.


UN ARMA DE ESTRATEGIA POLÍTICA. Para China, el tsunami ha sido una ocasión importante. Un país tradicionalmente receptor de ayudas internacionales puede ahora aparecer en su nuevo rol de donante, tanto público como privado. (De manera distinta, pero coherente, ha actuado India, que ha intentado demostrar que no necesitaba de ayudas externas.) Para el gobierno de Hu Jintao, la región damnificada, empezando por la península de Indochina, es mucho más que una suerte de patio trasero: es el lugar estratégico donde el antiguo celeste imperio juega su papel de actor global planetario. Para China, el estrechamiento de vínculos con India y el control del resto de la región pasan ahora también a través de la política humanitaria. Y hasta Paquistán brilla ante el silencio de dos actores en decadencia política e histórica: Rusia y las ricas monarquías petroleras. Japón apunta a su vez, por un lado, a ofrecer una ayuda masiva, cosa de reforzar su peso regional, y por otro a promover la reforma de las Naciones Unidas.


Estados Unidos ha encontrado una ocasión para actuar como actor global y contrarrestar el papel de China (para un damnificado asiático, que la botella de agua se la entregue un casco azul o un marine da exactamente lo mismo), e igualmente para mostrar que el complejo militar industrial puede desenvolver su potencia también con fines estrictamente humanitarios. La potencia hegemónica aparece de esa manera tendiendo la mano a países islámicos. No es casualidad que los primeros 24 -hoy son 2.200- soldados estadounidenses desembarcados en la zona de desastre se hayan hecho inmediatamente fotografiar junto a niños. Asistir a naciones islámicas en Asia representa para Washington la ocasión soñada de utilizar una catástrofe natural para ocultar la catástrofe artificial que ha creado conscientemente en Irak y que ya ha cobrado más de 100 mil vidas. Al otro islam, el iraquí, no se le tendió la mano y los cadáveres se pudren en las calles de Faluya exactamente como en Sumatra, sin que a ningún periodista le sea dada la oportunidad de mostrarlo gráficamente.


JUGANDO CON LA DEUDA. La cumbre de Yakarta, el viernes 7, sancionó la moratoria de la deuda externa de los países damnificados. Quienes pidieron la condonación pura y simple de la deuda se vieron, nuevamente, frustrados. Entre ellos figuraba el ministro de Relaciones Exteriores de Sri Lanka, Laksman Kadirgamar, que recordó cómo su paupérrimo país siempre honró su deuda. Pero no es seguro que la moratoria sea aceptada por todos los ?beneficiarios?. India (104 mil millones de dólares de deuda), Malasia (48 mil) y Tailandia (59 mil) son economías emergentes que crecen a un ritmo superior al 6 por ciento anual, y prefieren pagar y demostrar que pueden seguir pagando. Quieren evitar que la calificación de su deuda caiga y su riesgo país aumente, con lo cual crecerían también los intereses a pagar, justo en momentos en que han logrado atraer cuantiosas inversiones extranjeras. Indonesia, por su parte, rechaza cualquier tipo de moratoria y pretende que le sea condonada al menos una parte de la deuda externa. Para ello tiene buenos argumentos, que seguramente ninguno de los ?grandes? escuchará.


A Irak, recuerda Yakarta, le fue condonado el 80 por ciento de su deuda en función de que ésta había sido contraída por la dictadura de Saddam Hussein y que no sería justo que fuera heredada por el nuevo gobierno ?democrático?. Esgrime también -tímidamente- que parte considerable de su enorme deuda externa, 132 mil millones de dólares, fue contraída durante las décadas de la dictadura fondomonetarista de Suharto, impuesta por un golpe de Estado genocida organizado por Henry Kissinger. La otra parte se debe a la aplicación estricta de erróneas recetas del propio Fondo durante la crisis financiera de 1997. El único país interesado en la moratoria es Sri Lanka, cuyo crecimiento se debe exclusivamente al turismo. Aplastado por los 9 mil millones de dólares de su deuda, proporcionalmente la mayor de la región, se ve obligado a aceptar hasta la moratoria que los demás rechazan.


¿TODO NEGATIVO? A pesar de todo, es imposible hablar del sistema de ayudas a los damnificados del tsunami del 26 de diciembre sólo de manera negativa. Una primera buena noticia es que los países ribereños del océano Índico podrán contar con un sistema de alerta parecido al que hoy tienen las naciones ricas que miran al Pacífico.


Por otra parte, los 4 mil millones de dólares prometidos atestiguan que en el mundo globalizado la conciencia de la interconexión de los destinos de los distintos pueblos está avanzando. Una porción significativa de ese monto corresponde a ayudas privadas llegadas desde los cinco continentes, incluidos países que hasta ahora nunca se habían movilizado, como China. Solidaridad global, que le dicen. Finalmente, la cumbre de Yakarta mostró que se está procurando cierto orden en el caos institucional. Pero sobre todo apareció como una victoria de la onu, que emerge triunfante de un nuevo ataque frontal lanzado por unos Estados Unidos deseosos de extender su liderazgo mundial desde lo militar a lo humanitario. Debilitado el unilateralismo de Washington, Yakarta brinda una nueva oportunidad de construir un mundo multipolar.

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