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Brecha Número 1000 – La experiencia de Il Manifesto – 35 años de pensamiento crítico y comunista

La crítica desde dentro, y luego desde fuera, al mundo del Partido Comunista Italiano es la razón de ser del diario que rompió con el centralismo democrático.


Gennaro Carotenuto. Desde Roma.


En junio de 1969 la salida de un nuevo periódico no era una novedad. Eran años de cambios cruciales y de ganas de comunicarlos al mundo. Entonces la novedad era que este periódico naciera dentro de un Partido Comunista sólido, estructurado y que crecía elección tras elección, sin el permiso de un comité central del cual algunos de los redactores eran miembros. En la portada del primer número, el 28 de abril de 1971, Il Manifesto (en aquel entonces un mensuario) reconoce su razón de ser en el desgaste del mundo soviético que había conducido a la invasión de Checoslovaquia en el verano boreal de 1968. Se pueden leer los documentos del XIV Congreso del Partido Comunista Checoslovaco clandestino; sobre la revolución cultural china, y la crítica áspera a Moscú, considerada incapaz de ganar el consenso de los grandes movimientos revolucionarios de aquellos años. Alrededor de refinados intelectuales y cuadros importantes del PCI como Rossana Rossanda, Luigi Pintor y Valentino Parlato, Il Manifesto nacía y el partido no podía todavía aceptarlo. Checoslovaquia será también la razón primera del alejamiento y la ruptura del PCI con Moscú -Enrico Berlinguer fue nombrado secretario en 1972-, pero los tiempos todavía no estaban maduros y el 26 de noviembre de 1969 los líderes del grupo editor del diario, agrupados en el colectivo Il Manifesto, fueron expulsados.


El diario consiguió agrupar a una izquierda plural que involucraba también parte del mundo católico que había roto con la Democracia Cristiana. Cuando aparece el primer ejemplar de Il Manifesto se editaban, a la izquierda de L’Unità, el órgano del PCI fundado por Antonio Gramsci, tres o cuatro diarios, entre ellos Lotta Continua e Il quotidiano del popolo. Periodismo militante, distribución y venta militante: los primeros años fueron una extraordinaria cantera para cientos de periodistas e intelectuales, algunos de los cuales han navegado luego hacia playas moderadas o abiertamente derechistas.


BUENAS Y NO TANTO. Si era cierto que la revolución cultural maoísta defendida por algunos editorialistas de Il Manifesto no era el paraíso, sobre la Unión Soviética fue el PCI el que en pocos años admitió las razones de las críticas de los compañeros que había expulsado. Durante aquellos años, con menos éxito, Il Manifesto fue también un partido, que en julio de 1974 se unió con el Partido de Unidad Proletaria para el Comunismo. El diario, a su vez, nunca dejó de lucir orgullosamente en su cabecera el rótulo de ?cotidiano comunista?.


Más de 30 años después de su creación, Il Manifesto -a pesar de un tiraje que no supera los 90 mil ejemplares- se ha construido un sólido papel dentro del periodismo italiano. Su voz y su mirada radical pueden ser rechazadas por sus adversarios políticos, pero no eludida, y forma parte del debate político del país. Una de las grandes figuras del diario, Luigi Pintor, falleció en 2003. En su último editorial, el 24 de abril de aquel año, Pintor fue particularmente duro: ?La izquierda italiana tal como la conocimos ha muerto?, sentenció. Pero a continuación llamaba a los atomizados individuos, a los ?compañeros?, a volverse a juntar y a reinventar la vida.


Il Manifesto continúa, por su lado, buscando reinventar la vida y la izquierda. El sábado último el diario auspició el primer intento de unir el área política que gravita a la izquierda de la centroizquierda. Un área fragmentada en mil ríos en la que sin embargo se reconocen millones de italianos -un caudal que vale al menos el 15 por ciento de los votos-, unidos en la crítica al neoliberalismo, a las guerras y a la moderación de la izquierda oficial.

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